
Dicen que » el hombre planea y Dios se ríe» porque hay muchas cosas que uno planea y no salen como quiere o como deberían ser. A lo peor no salen de ninguna forma, y allí llega la decepción. La decepción es una enfermedad que puede matar nuestros sueños. Es como cundo terminas de hacer un post que crees que tendrá éxito y luego resulta que nadie le presta atención. Como cuando has planeado como sería tu vida al milímetro y acabas estando al otro lado del muro de esos planes. Incluso para las personas más perseverantes la decepción puede hacer que abandonen aquello por lo que tanto han luchado o apostado.
Ahora llega el momento en que debería decirte como la mayoría de los coach o gurus del positivismo. Que dicen: que hay que pensar siempre que todo va ha salir bien , hay que visualizar que vas a obtener aquello que deseas. Pero lo cierto es que no lo sabes. Porque al final el universo, Dios Buda o quien sea que mueve los hilos del mundo controla el resultado final. Porque si pones tu fe en que todo va ha salir como has planeado, visualizado y eso no sucede, Pueden ocurrir 4 cosas :
1-Que abandones tu plan principal y hagas otra cosa
2- Que caigas en la decepción depresión y te quedes bloqueado
3- Que continúes por orgullo, aunque sin ganas, ni ilusión. Lo que hará que no pongas el mismo interés en tu proyecto o plan. Lo cual es peor que cambiar de idea y dedicarte a otra cosa.
4- Matar la decepción
Esta última para mi es la mejor opción para evitar las tres anteriores Y ahora la pregunta es ¿ Como mato la decepción? La respuesta es tan simple como esperar el éxito teniendo en cuenta que puede no llegar cuando tu lo esperas o crees que va allegar. Aceptar la posibilidad de que tus planes pueden fracasar es aceptar el fracaso. Una vez que aceptas que no estas en control del fracaso puedes planear lo que vas hacer en el caso de que esto suceda. Si eres consciente de que la decepción forma parte de tu vida como el éxito entonces la abras matado porque no te pillara de sorpresa. Convertirte en alguien que no piensa que tiene una garantía divina para el triunfo es convertirte en una persona con garantía de éxito. Porque sabrás cundo cambiar de rumbo, rendirte, seguir o simplemente modificar el camino. Cuando hablo de camino hablo de planes. Una persona que asume que la decepción es culpa suya por esperar demasiado de las personas o no ser consciente de que el fracaso existe es una persona que ha vencido, matado la decepción.

Cuando te levantes por la mañana da gracias por todo lo que tienes, por las personas que te rodean y asume que no son perfectas porque tu tampoco lo eres. Asume que tus planes, proyectos son tuyos y de nadie más y que los demás no tiene porque estar interesados en ellos ni verlos con los ojos que tu los ves. Que es tu éxito, que solo tu tienes la obligación de creer y que los demás tienen sus propios sueños por lo tanto puede que no presten la misma atención a tu proyecto o deseo de éxito. Asume que no estas en las cabezas de las personas que te rodean, desconoces sus sentimientos e ilusiones , por lo tanto no puedes cambiarlas para ser como a ti te gustarían que fueran. Solo tu puedes rodearte de aquellas personas con las que piensas que son afines con tu forma de ser o que tienen los mismos sueños de éxito. Incluso así , la rapidez, los medios o la forma de conseguir esa meta puede diferir con la tuya. Acepta simplemente que en este mundo el universo,Buda, Dios tiene diferentes planes en cuanto a los sueños y logros finales del hombre. Lo que si esta en tu mano es trabajar para esa meta y aceptar que todos los resultados, sean negativos o positivos para poder continuar con el enfoque dado o cambiarlo. Solo así abras vencido la decepción. No asumas como tuya la decepción sería como aceptar el fracaso como algo propio de ti. Reconocerla como una parte más de la humanidad, como lo es la felicidad, la tristeza , el amor, la muerte, el nacimiento. Una vez que la hayas aceptado la decepción como algo natural del hombre serás libre de ella porque te prepararas para ella como lo hace una madre con el nacimiento de su hijo.
