
Toda perdida, engaño, decepción, mentira, traición es dolorosa. La diferencia estriba en como usas ese dolor y en que te conviertes gracias a él. Puedes usarlo par latigarte, quedarte en la cama mirando el techo, emborracharte, atiborrarte de pastillas, dejar de comer o come demasiado, volverte promiscuo, odiar al mundo, hacer daño los demás como venganza o como disfrute, encerrarte en casa hasta volverte agorafobia con la intención de no tener que ver a nadie y morir en la más absoluta tristeza. Esta última fue mi elección. Te lo cuento, para que sepas que yo sé lo difícil que es plantarle cara al dolor. Ese que llega ser tan intenso que no te deja dormir, ni comer, que se niega marcharse para que sigas viviendo si él. Ese que te paraliza y te hace ver el mundo como un campo de espinas a cada paso. Pero también sé que es posible vencerlo haciéndote amigo de él y convirtiéndolo en tu combustible. Ese que necesitaras para renacer de tus cenizas como un ave fénix, hermoso y libre de aquella pesadilla que te ha mantenido sumergido bajo el agua sin poder respirar.
Convierte ese dolor, esa pesadilla en tu combustible, esa gasolina que necesitas para arrancar el motor de tu vida. Nadie ha salido nuca de una batalla sin aprender algo. Y en tu batalla contra tu dolor, estoy segura de que también has aprendido algo. Algo tan valioso que se convertirá en la llama de nueva tu vida.
Recuerda que para eso tienes que meterte en un ring con tu dolor y enfrentarte a él, cara. Puedes elegir hacerlo con ayuda o empezar solo con este diario de autorreflexión, que te dará las pautas para comenzar ese dolor que te mantiene bloqueado y te dará las herramientas para construir tu nueva vida.
