
La vida que mereces
“Hoy quiero compartirte un pequeño fragmento de La vida que mereces. Son unas líneas sencillas, pero cargadas de la emoción y la fuerza que recorre toda la historia. Ojalá al leerlas sientas un poquito de lo que yo sentí al escribirlas.”Pronto podras leere un extracto de este libro de motivación
Actitud
Tener actitud parece, en principio, algo positivo para todas las personas. Denota que sabes lo que quieres, que estás dispuesto a defenderlo con uñas y dientes. Que no permites que nadie te pisotee, te menosprecie o se aproveche de ti.
Pero para las mujeres negras, no es lo mismo.
Digamos que no se nos mide con el mismo rasero, no solo en cuanto a actitud se refiere, sino en todos los ámbitos de la vida: amor, belleza, estudio, trabajo e incluso en lo social.
Para nosotras, las cosas rara vez son fáciles, y cuando se trata de tener actitud, mucho menos.
Porque cuando una mujer negra muestra actitud, muchas veces se la califica de otras maneras:
Maleducada. Agresiva. Quejica. Poco colaboradora. Peleona. Protestona. Subversiva.
Como si defenderse, querer lo mejor para una misma, evitar que te pasen por encima como si fueras una alfombra y reclamar lo que por derecho te corresponde, fuera un acto reprochable o egoísta.
La gente muchas veces no quiere, o simplemente se niega a entender, que tú, como mujer negra, también tienes derecho a sacar las garras cuando te sientes atacada, ignorada o menospreciada.
Y cuando lo haces, te dicen cosas como:
— “No lo esperábamos de ti, pareces tan blanca, tan occidental.”
— “¡Ya me extrañaba que fueras diferente!”
— “Al final, todas las negras son iguales…”
Porque para ciertas personas, el hecho de que respires ya es un favor que te están haciendo.
El hecho de que trabajes, de que existas, de que tengas una opinión, les parece algo que deben “permitirte”. Nunca se les ocurre pensar que todo lo que haces es un derecho que te has ganado, y no un regalo que debes agradecer.
¿Cuántas veces has oído cosas como:
— “Esa me ha robado el trabajo.”
— “Ese puesto debía ser mío.”
— “Seguro que la contrataron por ser negra.”
— “Seguro que se acostó con alguien para conseguirlo…”?
Como si no tuvieras mérito propio.
Como si no tuvieras la capacidad de estudiar, de aprender, de trabajar como cualquier otra persona.
Como si fuera impensable que tu éxito se deba a tu esfuerzo, tu talento y tu preparación.
Otras veces los oyes decir:
— “Claro, como trabaja como una negra, seguro que cobra menos.”
— “Esas están muertas de hambre, hacen lo que sea por un plato de comida.”
— “Lo siguiente será que trabajen por 4 euros al día.”
— “Son ellas las que bajan los precios del mercado laboral.”
Y entonces te preguntas:
¿Cómo pueden pensar que una mujer negra tiene el poder de destruir toda la economía de un mercado laboral, solo por exigir el derecho a trabajar dignamente?
Pero las críticas hacia la actitud de la mujer negra no se quedan ahí.
También se nos reprende si nos quejamos de nuestra situación laboral, de los compañeros de trabajo, o incluso del jefe —aunque todos los demás lo critiquen por ser un explotador o, directamente, un psicópata de manual.
Pero claro, la mujer negra no puede quejarse de nada.
No se le permite expresar su descontento. No puede tener opinión ni emociones negativas.
Debe ser siempre sumisa, silenciosa, agradecida.
Y, sin embargo, tener actitud es propio de cualquier ser humano con dignidad, con voz, con emociones que necesita expresar.
Defender una postura, manifestar un estado de ánimo o una opinión no es un privilegio: es un derecho.
Y eso significa que tú, como mujer negra, tienes todo el derecho a ejercer tu actitud.
A manifestarte. A protegerte.
A usar tu voz como herramienta de afirmación y como escudo emocional.
Porque no hay nada más poderoso que una mujer negra con actitud.
Y el mundo necesita más de eso.
Si este fragmento de La vida que mereces te ha tocado de alguna manera, te invito a seguir descubriendo la historia completa. La encontrarás aquí
